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Amanecer de verano

  • Foto del escritor: Ariel Villar
    Ariel Villar
  • 27 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 17 feb


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5:45 am. No sé que es más molesto: la bendición del aire acondicionado en la habitación por el que termino tapado e incómodo tiritando con chuchos de frío, o el agobio del calor en el resto de la casa.


6:00 am. Me levanto. Ducha al paso. Cocina y silencio. Pongo la pava y el ventilador con su arrullo de acorde monótono mezcla de avioneta y brisa de mar con olor a las plantas del jardín.


6:15 am. Mate amargo con cara de nada mirando la ventana mientras mi cintura cansada no termina de acomodarse. El ocupa viejo del espejo del baño me dijo de mala gana que me podría afeitar y le dije que espere.


6:39 am. Los primeros rayos de sol me muestran por la ventana el lado oscuro de la miseria triste que dejó las bolsas de basura rotas buscando algo que comer. No, no fueron los perros.


7:01 am. Salgo a la calle. La fresca y el olor del verano me reaniman un poco. La verdulería de la esquina abrió hace rato y están terminando de acomodar la fruta recién llegada del Mercado Central. Me di la excusa de salir a comprar el pan, aún sabiendo que a ésta hora está todo cerrado. Mi cuerpo necesita sentirse vivo. Caminando.


7:16 am. Mi querido Temperley huele a mar mezclado con árboles añejos, o lo imagino. Las pocas almas que mantienen vivo al conurbano saludan con un gesto de cabeza. Una especie de código aunque nadie se conozca, o apenas de vista de vereda a vereda.


7:30 am. Los primeros bondis empiezan a rajar el silencio empedrado mañanero. Pero no tan llenos. Es Enero. Vuelvo. La casa y las perras siguen durmiendo. Y mientras vuelvo a poner la pava y el tostador para una segunda vuelta, agradezco profundamente no tener colgado a un tirano con agujas en mi muñeca izquierda, ni sus manos ahorcándome el cuello en forma de corbata, y que me cueste ubicar en qué día de la semana vivo.


7:50 am. Agradezco seguir vivo a mis casi 66, aún con mecha larga para elegir lo que vaya a hacer en éste nuevo día.

Tal vez escribir un rato como ahora. O tal vez dejarme impregnar los sentidos ruteando un rato en moto por el campo.

Y pensar que a mis 40 la vejez me asustaba...


Que tengas una excelente jornada!


Ariel Villar

Café Temperley


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