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CÓMO PENSAMOS Y CÓMO SENTIMOS

  • Foto del escritor: Ariel Villar
    Ariel Villar
  • 3 feb
  • 3 Min. de lectura
Un cuaderno, una lapicera y un café en una mesa de Café Temperley

Versión Audio Descargable gratis:

Cómo pensamos y como sentimos


Prólogo


Sabía exactamente lo que había que hacer.

Pensar, pensé todo.

Lo pensé bien.

Lo pensé con tiempo.

Lo pensé con argumentos, con experiencias previas, con estadísticas emocionales que ya deberían haberme alcanzado para jubilarme de mí mismo.

No fue falta de información.

Nunca lo es.


Sabía exactamente lo que había que hacer.

Y aun así, hice otra cosa.

Porque pensar no es decidir.

Pensar es ordenar.

Decidir… decide otra parte.


Este no es un libro sobre errores.

Es sobre decisiones pequeñas, casi invisibles, que tomamos igual aunque sepamos que no conviene.

Sobre esa distancia incómoda entre lo que entendemos y lo que hacemos.

Entre lo que pensamos y lo que sentimos.


Capítulo 1

El mensaje que no había que mandar.


El mensaje estaba escrito.

No era largo. No era dramático. No decía nada que no se hubiera dicho antes.


Lo leí.

Lo borré.

Lo volví a escribir.


Mi cabeza hizo su trabajo:

no sirve, no responde, ya sabés cómo termina, no cambia nada.


El cuerpo no discutió.

Solo esperó el momento exacto en que el cansancio le ganara a la lógica.


Enviar.


No mandé el mensaje para que volviera.

Lo mandé para dejar de pensar.

Para callar ese ruido interno que no se apaga solo.


Después vino la espera.

Esa espera que no es por la respuesta, sino por la confirmación de que hiciste lo que sabías que no había que hacer.


Capítulo 2

Volver a un lugar del que ya te habías ido.


Uno no vuelve por esperanza.

Vuelve por memoria.


Volví a ese lugar —no importa si era una casa, una relación o una persona— porque mi cabeza ya se había ido, pero mi cuerpo no había firmado el acta.


Pensar es rápido.

Sentir es lento.


El cuerpo se queda charlando con recuerdos, con gestos, con olores que no entran en ninguna conclusión lógica.


Me senté. Miré alrededor.

Todo era igual… y yo no.


Ahí entendí algo tarde:

no se vuelve para quedarse.

Se vuelve para terminar de irse.


Capítulo 3

Decir que sí cuando todo indicaba que no.


No hacía falta pensarlo mucho.

Las señales estaban todas.

Pero había una voz.

Una sola.

La que decía “y si esta vez…”.


No dije que sí porque creyera.

Dije que sí porque quería creer.

Porque hay momentos en los que la razón propone cerrar,

pero el deseo pide una prórroga.


Después, cuando todo volvió a fallar,

no me sorprendí.

Solo confirmé algo que ya sabía.


Capítulo 4

Confundir paz con aburrimiento.


La paz no hace ruido.

Y eso, a veces, incomoda.

Había calma.

Había estabilidad.

Había días sin sobresaltos.

Y aun así, algo faltaba.


No era amor lo que extrañaba.

Era intensidad.

Hay fuegos que calientan y fuegos que queman.

El problema es que el cuerpo no distingue.

La cabeza quiere dormir tranquilo.

El cuerpo quiere sentir algo, lo que sea.

Incluso si duele.


Capítulo 5

El silencio que era mejor que la explicación.


Tenía el discurso armado.

Era impecable.

Explicaba todo.

Justificaba todo.

Ordenaba todo.

Lo dije.

Y cuando terminé, entendí que no había hablado para que me entiendan.

Había hablado para no sentir culpa.


El silencio, ese que parecía cobarde,

era en realidad la opción más honesta.

Pero ya era tarde.


Capítulo 6

Quedarse un poco más.


Este es el capítulo donde más nos mentimos.

La cabeza ya se fue.

El cuerpo pide quedarse un poco más.

Un día más.

Una charla más.

Una noche más.

No por amor.

Por miedo al después.

Irse implica vacío.

Quedarse, desgaste.


Elegimos desgaste porque al menos es conocido.


Capítulo 7

Elegir mal sabiendo por qué.


No fue ingenuidad.

No fue desconocimiento.

Fue elección.

Sabía qué iba a pasar.

Sabía cómo iba a terminar.

Sabía cómo me iba a sentir.

Y aun así, avancé.


No fue un error.

Fue una decisión consciente contra mí mismo.

Aceptar eso duele más que cualquier fracaso.


Capítulo 8

Cuando pensar llega tarde.


La lucidez es cruel.

Siempre llega cuando ya no sirve.

Después del daño.

Después del final.

Después del mensaje.


Ahí, de golpe, todo es claro.

Todo encaja.

Todo se entiende.

Pero ya no evita nada.

Solo explica el dolor.


Capítulo 9

Aprender no garantiza cambiar.


Aprendemos mucho.

Leemos.

Reflexionamos.

Prometemos.

Y repetimos.


Aprender sirve para entender por qué duele.

No siempre para evitarlo.


Cambiar requiere algo más que comprensión.

Requiere coraje emocional.

Y eso no siempre está disponible.


Capítulo 10

Lo que hacemos con lo que sentimos.


No se trata de dejar de sentir.

Tampoco de obedecer todo lo que sentimos.


Se trata de hacernos cargo.

De saber que pensar nos ordena,

sentir nos desordena,

y vivir es aprender a convivir con esa tensión sin rompernos cada vez.


Epílogo


Un café que se enfría

El café está servido en Café Temperley.

Humea.

Nadie lo toma enseguida.

A veces pensar llega primero.

A veces sentir manda.

Mañana, probablemente, vuelva a pasar.

Y está bien.



Ariel Villar

Café Temperley☕


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