top of page

Sin Emision

  • Foto del escritor: Ariel Villar
    Ariel Villar
  • 23 feb
  • 4 Min. de lectura
Sin Emision. Imagen de una persona escuchando su propia voz en la Radio

Audio Descargable Gratis:

Sin EmisionTocá los 3 puntitos para descargar

Audio con imágenes:


Sin Emisión


El café está igual.

La mesa también.

El murmullo de siempre.


Pero hoy la radio suena normal. Música internacional, prolija, profesional. Ninguna pregunta incómoda.


La pregunta parece salir de la Radio pero empieza en mi cabeza.


—¿De verdad pensaste que la voz venía de afuera?


No muevo los labios esta vez.


—Te resultaba más cómodo que alguien más te interrogara. Así podías indignarte, discutir, defenderte. Pero cuando la voz es tuya… ya no hay a quién convencer.


Respiro lento.


—No soy tan contradictorio.


—Claro que lo sos. Querés estabilidad pero te asfixia la rutina. Querés intensidad pero te agota el conflicto. Querés amor adulto pero reaccionás como adolescente cuando baja la adrenalina.


Me apoyo contra el respaldo.

—Estoy cansado de exigirme.


—No estás cansado de exigirte. Estás cansado de que la realidad no coincida con la versión que imaginaste de vos mismo.

Eso pega directo.


—No me creo especial.


—No. Te creés distinto. Y es peor. Porque el distinto siente que no encaja, que siempre está un paso corrido del resto. Entonces cuando algo no funciona, en vez de adaptarte, te movés de escenario.


La taza está a medio camino de mis labios.

—No siempre fue así.


—No. Antes era impulso. Ahora es narrativa. Antes reaccionabas. Ahora lo justificás con reflexión.


El bar sigue funcionando.

Nadie sabe que estoy desarmándome en silencio.


—¿Sabés qué te cuesta aceptar?


No respondo.


—Que algunas cosas no fallaron. Simplemente se volvieron normales. Y vos confundiste normalidad con decadencia.

La palabra normalidad tiene mala prensa en la cabeza de alguien que todavía quiere sentirse vibrante.


—No quiero vivir anestesiado.


—Y nadie te pidió eso. Pero vivir en estado de excepción permanente tampoco es madurez. Es ansiedad disfrazada de búsqueda.


La música de la radio cambia. Un clásico suave. Nada dramático.


—¿Por qué necesitás que todo tenga significado profundo? —sigue la voz.


—Porque si no lo tiene… ¿qué queda?


—Queda la vida común. La que no se publica. La que no se narra. La que no se convierte en post. Y esa vida te incomoda porque no brilla.


Trago café frío.

—No todo lo que hago es para que brille.


—No. Pero te cuesta aceptar que algo sea suficiente sin ser extraordinario.


Silencio largo.


—¿Te dolieron las decisiones?


—Sí.


—¿Te hicieron crecer?


—En parte.


—¿Repetirías algunas?


Dudo.

—No igual.


—Eso no responde.


Cierro los ojos.


—Sí. Algunas sí.


—Entonces dejá de tratarlas como tragedias. Fueron elecciones. No accidentes.

La crudeza ya no es agresiva. Es limpia.


—¿Y la gente que lastimé?


La voz no suaviza.


—Aceptá que lastimaste. Sin “pero”. Sin contexto explicativo que te absuelva. Lastimar no te convierte en monstruo. Negarlo sí te infantiliza.

Eso se queda.


—¿Y lo que me lastimaron?


—Eso ya lo trabajaste mil veces. Sabés contarlo bien. El punto ciego no está ahí.

La verdad tiene dirección.


—¿Y Cuál es mi punto ciego?


—Creer que siempre estás en proceso de convertirte en tu mejor versión. A veces ya sos. Y no te das cuenta. Y por buscar otra versión, desarmás la que tenías.


Me quedo inmóvil.


—¿Entonces qué hago ahora?


La voz baja.


—Nada espectacular. No armes un nuevo proyecto emocional para sentir que evolucionás. No busques otra historia que te devuelva intensidad. Quedate con lo que hay. Con lo que sos. Sin maquillaje conceptual.


—¿Y si me aburro?


—Aprendé a tolerarlo. El aburrimiento no siempre es señal de muerte. A veces es estabilidad sin fuegos artificiales.


Miro alrededor.

Una pareja mayor comparte una torta.

No parecen incendiados.

Parecen tranquilos.


—Te voy a decir algo más —susurra la voz.


Ya no es interrogatorio. Es diagnóstico.

—No necesitás otra oportunidad. Necesitás dejar de tratar cada etapa como si fuera ensayo general de la definitiva.


Eso me desarma más que cualquier acusación.

La radio anuncia el siguiente tema musical. Voz profesional. Ajena.

Pero la voz interna no se va.


—No sos un héroe trágico.

No sos un desastre emocional.

Sos un hombre que tomó decisiones con la información emocional que tenía en ese momento.


—¿Y eso alcanza?


—Tiene que alcanzar. Porque no podés reescribir. Solo podés asumir.


Termino el café.

No hay epifanía.

No hay redención.

No hay música subiendo.

Solo una claridad incómoda:

La voz nunca estuvo en la radio.

La puse ahí para no aceptar que era mía.


Me levanto.

Esta vez no dejo monedas simbólicas.

Pago lo que corresponde.

Y antes de salir, la última frase aparece, sin teatralidad:


"Dejar de huir no siempre es quedarse con alguien.

A veces es quedarse con uno mismo".


Salgo a la calle.

No me siento mejor.

Me siento más verdadero.

Y eso, aunque no seduzca, al menos no miente.


Ariel Villar

RADIO CAFÉ 🎙️

Café Temperley ☕


Si te gustó ésta entrada, te invito a enviarme tu invalorable colaboración en la forma más segura a través de Mercado Pago

mediante el siguiente botón:




O también por PayPal:



Tu comentario y tu calificación al final de ésta pantalla es bienvenido y compartido con todos los lectores.

Infinitas Gracias!


Ariel Villar

Café Temperley☕


Entradas relacionadas

Ver todo

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page